Algo parecido a cuando te clavas un trozo de madera y te lo sacas sin problema, del tirón. Estás un tiempo que te molesta, con algo de dolor pero poco a poco ese malestar inicial va desapareciendo, muy poco a poco. Pasa el tiempo. Un día llegas y te das con alcohol en donde te clavaste el trozo de madera porque se te ha abierto una nueva herida y al ponerlo en contacto con tu piel, escuece. Pero esta herida se sana y el dolor no desaparece. Se hace más grande. Una carga demasiada pesada. ¿Qué pasará?, te preguntas. Vas al médico y te preguntan si te clavaste algo, tú le respondes que sí, que te clavaste una madera hace cerca de un año pero que no pasa nada, que te la sacaste sin problemas y que olvidaste el dolor que te producía hasta hace unos días cuando te hiciste esa herida que es como si te hubiese vuelto a sacar ese dolor pasado. El médico te examina mejor la zona y te dice que lo que pasa es que esa madera dejó muy clavada una pequeña astilla que no sacaste y que ahora difícilmente se sacará por lo que el dolor puede ser muy grande y fuerte durante un tiempo más prolongado. Tú te asustas, piensas: ¿cómo va a ser posible eso si yo me saqué la madera? Si me costó sudor y lágrimas sacarla pero la saqué, no, no es posible, esto tiene que ser una pesadilla. No aguantaré este dolor mucho tiempo más. Te derrumbas, te caes, te echas a llorar, no puedes más, esa incomodidad que te hace sentir y se hace dueña de tus sentimientos. Desesperación. Pues algo parecido me pasa contigo, creí haberte sacado de mi cabeza, creí haber superado que ya no estás, que no vas a volver a mi lado nunca, que es imposible que te recupere pero, ya ves que no. Y cada segundo, cada minuto, cada hora que paso sin oír tu voz siento que me muero, se me cae el mundo encima, me derrumbo y no puedo seguir adelante. Está bien, el daño me lo hice yo sola por jugar, al igual que pasó con la madera pero lo siento de verdad, no tengo otra manera de pedirte perdón, no puedo más. .


No hay comentarios:

Publicar un comentario